Y siempre faltan y estorban lágrimas para alcanzar el mar.
Siempre la sangre estorba en tus ojos, en esos que parecen míos, tan míos y nunca míos.
Siempre pides más y yo menos, cada vez menos, desde el desaliento absoluto de tu ir y venir, eterno vaivén que tanto extraño. Lo único que tengo de sobra son esas huellas quedejaste bien adentro, al fondo, donde solo tú puedes llegar…y cómo llegas!!!
Siempre rehúyes cual pez en el agua, ahogado de tanto suspiro inesperado, agotado, naufrago en/de su propio abismo, nada salvaguarda mi existencia como el solo recoveco de tu nombre, ese sutil sonido que esparces una y mil veces por esto que pareciese ser yo, un oído moribundo a la espera de alguna vibración, la más mínima, la más cautelosa, esa que te saca de aquí a “ese otro mundo que es este”… “esa otra yo que sigo siendo yo”.
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