domingo, 9 de mayo de 2010

Es un tema energético.



Es tan simple como comprender lo que sigue, así es, lo sé. La vida consiste en vivirla, es una constante “lucha”[1] en donde el rendirte es tan necesario como ser victorioso, puedes ser aquel mártir de la existencia y no-existencia, como puedes estar inerte en el espacio cosmogónico de tu realidad. Comprender mis contemporáneos, amigos y fugitivos, que se trata de un gran juego de astucia y mucho dinamismo. Entiéndase desde un Atari, Nintendo, Súper Nintendo, Play, etc. cada uno de vosotros traéis contigo y consigo cierto nivel de energía (generosamente lleno) con el que tienes que subsistir, andar, vivir y solo vivir, así es como armamos y des-hacemos nuestras relaciones anímalesticas y espirituales, necesarias e innecesarias, donde nuestra reciprocidad varía y/o oscila en el vaivén de nuestra existencia, en el sentido trágico de la misma, en la caída de los meta relatos, la muerte de Dios, etc. Ahora bien, vamos constantemente y de manera permanente cediendo y obteniendo energía pero llega un momento en que se acaba y apaga, he ahí nuestra muerte. Esta muerte va mucho más allá que la finitud de la realidad de nuestro cuerpo, perdemos nuestra energía y ahí volvemos a nacer pero ¿Cuándo?, esto ocurre, amigos míos, cuando perdemos nuestra voluntad, nuestro poder, cuando las relaciones que construimos dejan de ser ficticias y como los vampiros chupan todo nuestro ser, cuando tu amado/amada gana la batalla, cuando la sociedad te absorbe y te aísla como un verdadero animal, cuando dejas tu racionalidad y actúas en y desde el Eros y Tanatos de tu simple y vulgar existencia. Ahí, recién ahí, vives, ahí tienes que sufrir, SUFRIR, hundirte en tu soledad que es sin duda tu mejor aliado, acércate a tus amigos y amados o huye si no renuevan tu energía, tal como lo dice Nietzsche:

“¡Refúgiate, amigo mío, en tu soledad! Te veo aturdido por las estridencias de los grandes y dejado maltrecho por los aguijones de los mediocres.

El bosque y la roca saben acompañar dignamente tu silencio. Semeja de nuevo el árbol frondoso que amas: mudo y alerta levántase sobre el mar.

Donde termina la soledad empieza la plaza; y donde empieza la plaza, empiezan también las estridencias de los grandes comediantes y los zumbidos de las moscas venenosas.

En este mundo, las mejores cosas no valen nada si no viene uno a ponerlas en escena. Grandes hombres llama la gente a los que las ponen en escena”.[2]

Este estado es el que regenera tus latidos, se aferra a recuerdos, a futuros y variados encuentros y des-encuentros en el mundo que nos a tocado por vivir, pero ojo, tienes que sufrirvivir, recuperar toda la energía, recién ahí volverás a nacer para luego volver a morir, es un ciclo, siempre haz de volver al principio hasta que el retorno lo pierdas por completo, cuando se apague tu luz y el latir deje de lado tu cuerpo en esa muerte tan común a todos, a los animales y nosotros.

Pocos, y muchos son capaces de darse cuenta de esta otra realidad, grandes pensadores lo han entendido y de seguro no tolerarían esta agonizante actualidad y tuviesen que escapar a su realidad o se hubiesen rehusado a entablar relaciones de reciprocidad[3] mercantilista como aquellas que florecen en nuestro tiempo. Aunque, creo yo, estarían en el mismo juego, cediendo, rescatando, absorbiéndose los unos a los otros, después de todo mientras mas cerca del cielo se llega, mas hondo se ha de caer. Aquellos que brindan con Dios y duermen con sus demonios me han de comprender.

El común de la gente, aquellos que no dedican el tiempo a sus pensamientos, ellos nunca pierden energía, tampoco ganan energía ni mucho menos una batalla, ellos que son muchos y ninguno, tienen una esencia (por nombrarle) que es vida-muerte, así de ninguna otra manera, no hay separación, no hay un sufrimiento ni una re-generación están sumergidos en la ínfima finitud de la realidad, para aquellos no vale decir “Desde el momento en que nacemos comenzamos a morir”[4]. No existe momento alguno, ningún estado, ninguna debilidad, solo su natural condición (vivomuerto).

Aquí esta la Ética, en estos conflictos que nos hacen ceder y recuperar energía, en ponerse a pensar; en contemplar nuestro imaginario; en perdernos y rescatarnos de los brazos de otros; en amar y odiar. A veces hay que dar la cara a lo que amas, con odio y desprecio… por ahí el Zaratustra dice: “El hombre del conocimiento debe no solamente saber amar a sus enemigos, sino también saber odiar a sus amigos”. . La vida siempre es vida, aunque sea la más mísera a los ojos del humano, es vida, y si es vida se vive. ¿Y vivir, en qué consiste? No puedo asegurarles nada, pero creo que se trata de luchar. Y si se trata de luchar, no se puede luchar con aquello que no existe o que no se puede probar su existir. Por eso mi pelea no es para con Dios, ni con especulaciones, a mí me pudre la vida misma, y contra ella peleo, viviendo.

Eso entiendo, eso vivo, lo sé y no suelo ser impulsiva. ¿Será necesaria una interdisciplina, la Bioética[5], etc. solo como significativo/representativo de nuestro actuar?. Sin duda.

“Esta obra no es un lindo ensayito. No es, ni puede ser, cosa remirada y relamida. Hay que luchar sin tregua contra la chapucería intelectual.”[6]


[1] (Del Lat. lucta). Esfuerzo que se hace para resistir a una fuerza hostil o a una tentación, para subsistir o para alcanzar algún objetivo. La que uno mantiene consigo mismo.

[2] De las moscas en la plaza. Así habló Zaratustra. Nietzsche Frederic.

[3] Entiéndase desde la conexión entre Ladriere y Kant, Juicio Moral – Sentido Moral (respectivamente), la intención Ética que se presenta en nuestros actos morales y en dichos autores.

[4] El espejo y la palabra. Pág. 56. Jaime Valdivieso. Editorial Planeta Chilena S.A. 1997.

[5] “Espacio de interpelación que se hace en la técnica, medicina, los artificios, ciencia y también de la religión para que la ética entregue las herramientas. También es una relación interdisciplinaria, tendiente a dar solución a los conflictos (cualquier tipo de amenaza a la vida y a la naturaleza). Tiene que ver con las relaciones del hombre consigo mismo y su relación con la naturaleza”.

[6] Diccionario de Filosofía. Prólogo quinta edición. Ferrater Mora José. Bryn Mawr College, Pennsylvania, 1964.