

Es tan simple como comprender lo que sigue, así es, lo sé. La vida consiste en vivirla, es una constante “lucha” en donde el rendirte es tan necesario como ser victorioso, puedes ser aquel mártir de la existencia y no-existencia, como puedes estar inerte en el espacio cosmogónico de tu realidad. Comprender mis contemporáneos, amigos y fugitivos, que se trata de un gran juego de astucia y mucho dinamismo. Entiéndase desde un Atari, Nintendo, Súper Nintendo, Play, etc. cada uno de vosotros traéis contigo y consigo cierto nivel de energía (generosamente lleno) con el que tienes que subsistir, andar, vivir y solo vivir, así es como armamos y des-hacemos nuestras relaciones anímalesticas y espirituales, necesarias e innecesarias, donde nuestra reciprocidad varía y/o oscila en el vaivén de nuestra existencia, en el sentido trágico de la misma, en la caída de los meta relatos, la muerte de Dios, etc. Ahora bien, vamos constantemente y de manera permanente cediendo y obteniendo energía pero llega un momento en que se acaba y apaga, he ahí nuestra muerte. Esta muerte va mucho más allá que la finitud de la realidad de nuestro cuerpo, perdemos nuestra energía y ahí volvemos a nacer pero ¿Cuándo?, esto ocurre, amigos míos, cuando perdemos nuestra voluntad, nuestro poder, cuando las relaciones que construimos dejan de ser ficticias y como los vampiros chupan todo nuestro ser, cuando tu amado/amada gana la batalla, cuando la sociedad te absorbe y te aísla como un verdadero animal, cuando dejas tu racionalidad y actúas en y desde el Eros y Tanatos de tu simple y vulgar existencia. Ahí, recién ahí, vives, ahí tienes que sufrir, SUFRIR, hundirte en tu soledad que es sin duda tu mejor aliado, acércate a tus amigos y amados o huye si no renuevan tu energía, tal como lo dice Nietzsche:
“¡Refúgiate, amigo mío, en tu soledad! Te veo aturdido por las estridencias de los grandes y dejado maltrecho por los aguijones de los mediocres.
El bosque y la roca saben acompañar dignamente tu silencio. Semeja de nuevo el árbol frondoso que amas: mudo y alerta levántase sobre el mar.
Donde termina la soledad empieza la plaza; y donde empieza la plaza, empiezan también las estridencias de los grandes comediantes y los zumbidos de las moscas venenosas.
En este mundo, las mejores cosas no valen nada si no viene uno a ponerlas en escena. Grandes hombres llama la gente a los que las ponen en escena”.
Este estado es el que regenera tus latidos, se aferra a recuerdos, a futuros y variados encuentros y des-encuentros en el mundo que nos a tocado por vivir, pero ojo, tienes que sufrirvivir, recuperar toda la energía, recién ahí volverás a nacer para luego volver a morir, es un ciclo, siempre haz de volver al principio hasta que el retorno lo pierdas por completo, cuando se apague tu luz y el latir deje de lado tu cuerpo en esa muerte tan común a todos, a los animales y nosotros.
Pocos, y muchos son capaces de darse cuenta de esta otra realidad, grandes pensadores lo han entendido y de seguro no tolerarían esta agonizante actualidad y tuviesen que escapar a su realidad o se hubiesen rehusado a entablar relaciones de reciprocidad mercantilista como aquellas que florecen en nuestro tiempo. Aunque, creo yo, estarían en el mismo juego, cediendo, rescatando, absorbiéndose los unos a los otros, después de todo mientras mas cerca del cielo se llega, mas hondo se ha de caer. Aquellos que brindan con Dios y duermen con sus demonios me han de comprender.
El común de la gente, aquellos que no dedican el tiempo a sus pensamientos, ellos nunca pierden energía, tampoco ganan energía ni mucho menos una batalla, ellos que son muchos y ninguno, tienen una esencia (por nombrarle) que es vida-muerte, así de ninguna otra manera, no hay separación, no hay un sufrimiento ni una re-generación están sumergidos en la ínfima finitud de la realidad, para aquellos no vale decir “Desde el momento en que nacemos comenzamos a morir”. No existe momento alguno, ningún estado, ninguna debilidad, solo su natural condición (vivomuerto).
Aquí esta la Ética, en estos conflictos que nos hacen ceder y recuperar energía, en ponerse a pensar; en contemplar nuestro imaginario; en perdernos y rescatarnos de los brazos de otros; en amar y odiar. A veces hay que dar la cara a lo que amas, con odio y desprecio… por ahí el Zaratustra dice: “El hombre del conocimiento debe no solamente saber amar a sus enemigos, sino también saber odiar a sus amigos”. . La vida siempre es vida, aunque sea la más mísera a los ojos del humano, es vida, y si es vida se vive. ¿Y vivir, en qué consiste? No puedo asegurarles nada, pero creo que se trata de luchar. Y si se trata de luchar, no se puede luchar con aquello que no existe o que no se puede probar su existir. Por eso mi pelea no es para con Dios, ni con especulaciones, a mí me pudre la vida misma, y contra ella peleo, viviendo.
Eso entiendo, eso vivo, lo sé y no suelo ser impulsiva. ¿Será necesaria una interdisciplina, la Bioética, etc. solo como significativo/representativo de nuestro actuar?. Sin duda.
“Esta obra no es un lindo ensayito. No es, ni puede ser, cosa remirada y relamida. Hay que luchar sin tregua contra la chapucería intelectual.”
Diccionario de Filosofía. Prólogo quinta edición. Ferrater Mora José. Bryn Mawr College, Pennsylvania, 1964.